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La República Romana – Cayo Mario

En el año 157 a.c. poco antes de iniciarse la tercera guerra púnica, nace Cayo Mario en Arpino, ciudad del Lacio que había adquirido la plena ciudadanía romana treinta años antes.

Su familia era acomodada, pero muy alejada de las grandes familias patricias de Roma. Cayo Mario era un “hombre nuevo”. En ciertas épocas podría haber sido llamado un advenedizo.

Sin embargo, este “hombre nuevo” llegaría a ser conocido como el tercer fundador de Roma después de los legendarios Rómulo y Remo.

En Hispania en las campañas contra los celtíberos, comienza su carrera militar y alcanza el grado de tribuno militar, como comienzo del “cursus honorum

La familia de Mario era cliente de la familia patricia Cecilio Metelo. Quizás ello influyó para que Mario fuera elegido tribuno de la plebe en el 120 a.c. cargo de importancia en la vida política romana y, consecuentemente, ingresó en el senado.

Siguió su carrera política y en el 114 a.c. fue nombrado gobernador de Hispania Ulterior (Bética). Ya en el 110 a.c. casó con Julia de la familia patricia de los Julios César de la “gens” Julia y tía de Julio César. Este matrimonio aportó a Mario la consolidación de una cierta influencia política.

En aquel tiempo, Roma consolidaba su dominio en el norte de Africa y luchaba en Numidia (aprox. Argelia actual) y su rey Yugurta. Mario alcanzó el grado de legado (comandante de una legión) a las órdenes de Cecilio Metelo. En el 107 a.c., Mario fue elegido cónsul y obtuvo el mando y la victoria definitiva en la guerra contra Yugurta, lo que le valió un triunfo (homenaje público como héroe militar) en Roma.

En este momento, la República alcanza madurez militar y política, domina absolutamente el mediterráneo occidental y comienza a expandirse hacia oriente; sin embargo, sus instituciones, tanto políticas, como militares (legiones), que habían sido concebidas para el ámbito de una ciudad y su entorno más o menos cercano, dan signos inequívocos de falta de adecuación a la extensión de sus dominios y al alcance de sus compromisos militares.

Por una serie de circunstancias, Mario toma la iniciativa de la reforma de las legiones.

La legión original era el conjunto de los ciudadanos armados para defender la ciudad en caso de agresión. Posteriormente, para las guerras de expansión en Italia y las guerras púnicas las legiones se formaban con los ciudadanos poseedores de tierras, que regresaban al finalizar las campañas. En términos actuales, podemos decir que este conjunto de ciudadanos formaba la clase media de la República. Esta forma de reclutamiento y, muchas veces, la imposibilidad de regresar a tiempo para recoger las cosechas y trabajar los campos, otras las bajas en combate, empobrecieron a estas familias propietarias que no tuvieron otra solución que vender sus tierras a los patricios y terratenientes. La clase media de la República perdió peso y vació de contenido real algunas de las instituciones que formaban su corazón (“comitia” …).

Por otra parte, el ejército se formaba para cada campaña, su entrenamiento era mediocre – como lo era en la mayoría de los ejércitos de su tiempo – y su armamento no homogéneo. Los retos a los que se iba a enfrentar la máquina militar romana, en su enorme expansión, no hubieran podido cumplirse con esta manera de concebir al ejército. Mario, en un momento determinado, para rechazar la invasión de cimbrios y teutones, no tuvo más remedio que utilizar un sistema de movilización distinto del habitual.

Aunque, obviamente las reformas de Mario, no fueron simultáneas, el conjunto y más importantes fueron:

  • El reclutamiento se hizo entre los hombres libres cualquiera que fuera su condición
  • El recluta se unía al ejército por un contrato de 25 años
  • El estado pagaba al soldado y le suministraba armas, uniforme y equipo
  • Al finalizar su contrato se le asignaban tierras para su mantenimiento

Además, disminuyó de forma notable el bagaje que acompañaba a la legión, haciendo que cada soldado llevara personalmente armas y provisiones para varios días, así como herramientas para la fortificación nocturna (aprox. 40 Kg). Esto dio a la legión una movilidad y rapidez de desplazamiento inusual en aquellos tiempos y muy superior a ejércitos coetáneos. También, el legionario no podía contraer matrimonio.

Como consecuencia se creó un ejército permanente, profesional y magníficamente entrenado.

La mejor máquina de guerra durante 400 años, sosteniendo la expansión y el dominio de Roma

Implantó el águila como guion de cada legión y de la República

Por el contrario, a la larga se constató que las legiones tenían más fidelidad a su general que al senado. Esto, unido a las carencias institucionales, fue causa de graves crisis políticas.

Pero, volvamos a la vida de Cayo Mario:

Los cimbrios, hacia el 117 a.c., emigraron desde las orillas del Báltico. Se unieron a los teutones y se dirigieron hacia Italia en busca de nuevas tierras. Chocaron con Roma y sus aliados en el 113 a.c.

Los romanos no consiguieron rechazarlos y en el 105 a.c. sufrieron una aplastante derrota en Arausio. Esta derrota se cita entre las peores derrotas romanas a lo largo de su historia junto con Cannas, Teutoburgo, Carras, Adrianópolis … Los invasores estaban a punto de rebasar los Alpes y entrar en Italia.

Ante esta situación, el senado llamó a Mario que fue nombrado cónsul en el 105 a.c. y lo fue durante cuatro años consecutivos más (sin precedentes en la República). Durante este período, rechazó a los invasores e implantó las reformas en el ejército.

Después de la derrota de Arausio, los cimbrios marcharon a Hispania y los teutones vagaron por la Galia, dando tiempo a Mario a reorganizarse … En el 102 a.c., Mario derrotó ampliamente a los teutones en Aguas Sextas y en el 101 a.c. a los cimbrios, que habían penetrado en la llanura del Po, en la batalla de Vercelas. Los invasores fueron completamente destruidos, consiguiéndose un amplio botín en esclavos y tesoros.

Sila que a las órdenes de Mario había sido legado en las guerras cimbrias, fue destinado a oriente al frente de un ejército. Mario, que aspiraba a ese destino, se opuso a su antiguo subordinado enfrentándose a él en la primera guerra civil de la República. En este conflicto Sila, al frente de “sus” legiones, ocupó Roma.

Mientras Sila volvía a oriente, Mario ocupó de nuevo el poder siendo nombrado cónsul; pero, murió casi inmediatamente a los 71 años de edad.

Ago/2020

RegiaFerani/FPR

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